La activista en las sombras
Ámsterdam, la capital de Holanda, una ciudad moderna, cosmopolita, accesible, pasear por sus calles es como caminar por un mundo diferente, rodeado de bicis y canales. Ámsterdam es una urbe donde encontrar arte, flores, té, cultura, diversión, una ciudad llena de historia cuyas casas son características y diferentes a lo que estamos habituados en España, una de ellas más en concreto que otras, es “La Casa de Atrás”. Allí nuestra protagonista de hoy escribió durante dos años un diario al que llamó “Kitty”. Ella es Anna Frank.
No creo que sea necesario que os cuente mucho más sobre
quién es Anna Frank y porqué su legado es importante. Supongo que mucha gente
no la considerará como un activista en contra de la discriminación por raza
y/o etnia puesto que no dio discursos, no comentó en las redes sociales, ni
organizó o participó en manifestaciones. Anna es una activista silenciosa que vivió
en las sombras de la ocupación nazi en Holanda. Sin embargo, dejó un legado
tras de sí que ha llegado a muchos millones de personas en el mundo, algo tan
simple como un diario donde narró su vida encerrada con sus padres, otra
familia judía y un dentista en unas cuantas habitaciones detrás de la fábrica
que su padre regentaba. Leer esas líneas, en las que una adolescente inteligente,
con gran curiosidad por el mundo que le rodea, con una agudeza increíble y una
sensibilidad desbordante, hace que uno piense hasta dónde llega la locura
humana, esa que barrió Europa durante los años en los que Alemania intentó
dominar el mundo. No voy a entrar en disquisiciones políticas porque no es un
tema del que me guste hablar, sólo os diré que, si tenéis la oportunidad de ir
a Ámsterdam, reservéis una mañana o una tarde para visitar la casa/museo de
Anna Frank (https://www.annefrank.org/es/museo/).
Id preparados para sumergiros en su historia, la historia de muchos judíos en
las zonas ocupadas que vivieron en sus carnes la discriminación rayada en locura
de una época “extraña”, por llamarlo de alguna manera.
Me viene a la memoria un salón de una casa cualquier en Utrecht, estoy hablando con una amiga de la universidad, Tuvit, tomando un té con unas deliciosas galletas de mantequilla preparadas con el mimo de una abuela, esa misma que lleva un número tatuado en su brazo, la misma abuela que nos cuenta cómo era vivir en el barracón. Esa misma que recuerda al abuelo, un gran violinista. Tuvit ha heredado dicho violín que sobrevivió al campo de concentración, pues la abuela y el abuelo se conocieron allí, ¿sabes? Todo esto me lo cuenta sin dolor, sin pena, tan sólo es parte de su vida, su experiencia, y cree necesario que los jóvenes la conozcamos. Lo hace con la misma naturalidad con la que mi abuela me contaba cómo cosía en el balcón, mirando a la Sierra de Madrid y aprovechando la luz natural del soleado día. Esa abuela también es una activista en las sombras…
Cierro esta pequeña reflexión recomendándoos un libro que me marcó profundamente cuando lo leí. Es un libro escrito por alguien que todos hemos visto en la gran pantalla gracias al único fotograma con color de una película que narra esta misma tragedia en blanco y negro. La película, “La lista de Schindler”. El libro, “La niña del abrigo rojo”. Su protagonista y escritora, Roma Ligocka (https://es.wikipedia.org/wiki/Roma_Ligocka).


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